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Entorno Político | Opinión | Martes 10 de Enero de 2017 | 11:32 p.m.
Irineo Domínguez Méndez
Formas de acabar con la revuelta

¡Se acabó la revuelta popular veracruzana”; ésta indició a un gobierno arbitrario encabezado por Peña Nieto, quien olvida la protesta que rindió al tomar el cargo. Primero, se le descubrieron intereses malsanos con la licitación del tren bala México-Querétaro; después se descubrió el regalo de la “casa blanca”; últimamente, el presunto contubernio con los escapes de Duarte, Borges y Yarrigtón; responsables de actos de corrupción y quienes gozan de total impunidad, gracias al apoyo del presidente. La gota que derramó el agua del vaso fue el aumento de precios de los energéticos que utiliza la población; así dio origen la revuelta; de la cual los doctos dicen que tiene, al menos, un factor de fragmentación que causa inestabilidad y demuestra falta de gobernanza. Este tipo de movimiento social lucha contra normas y violenta derechos personales.  Las autoridades, a través de la aplicación del “estado de derecho”, intentan acallarla. Esta es una forma.

La vida cotidiana de varias ciudades se vio afectada con los saqueos; la propiedad privada de empresas transnacionales y “mexicanas” los sufrió. Sin embargo, parece, que las medidas de coacción y coerción ejercidas por las autoridades locales y federales ya inhibió a los rebeldes, a quienes podrían indilgar conductas no cometidas. Las personas que apoyaron con traslado de personas a los centros comerciales: los taxistas,  que sean dueños de concesiones de este servicio, pueden ser sancionados con la cancelación de la concesión. Por otro lado, los prestadores de servicio de transporte público federal reciben igual amenaza, a pesar de que ellos no son “revoltosos”, solo se manifiestan en defensa de sus intereses y de la población. Ésta es otra forma.

Las medidas coercitivas y de coacción conducirán, seguramente, a la ciudadanía a manifestarse “pacíficamente”; es decir, utilizando una forma aceptada por los gobernantes, ya que no tienen ninguna consecuencia peligrosa para ellos. A través de los últimos 45 años hemos visto miles de manifestaciones pacíficas en el país de gente oponiéndose a decisiones gubernamentales; principalmente “marchando”; acción que pocas veces obtienen resultados positivos y significativos.  En la mayoría de los casos, las que lograron ser atendidas, son tratadas en mesas de diálogo, “donde las partes participan con monólogos”. Los gobernantes manejan a la perfección estos diálogos y el estatus quo combatido permanece. Aquí tenemos otra forma de acabar con la revuelta.

Es cierto que la revuelta es percibida como responsable de incrementar la crisis económica y de poca ayuda; pues, como hemos visto, es usada a través de la manipulación y, lo peor, también en contra de la población civil; aunque ignoramos si lo hacen las mismas personas que convocaron al saqueo.  El movimiento indica incapacidad de los revoltosos para dialogar; la rabia y la frustración de la clase baja es tal, que fácilmente fueron convencidos de participar en actos vandálicos como único medio de venganza en contra de quienes los explotan.

Los revoltosos son cuestionados por haber sustraído productos electrodomésticos; sus críticos ignoran que no se trataba de robos famélicos (hambrientos), sino de venganza que hiciera daño. Entonces, debe enfocarse el análisis sobre el hecho que causó el robo descarado contra los ladrones solapados: el gasolinazo, medida económica que coloca en debacle el poder adquisitivo de los salarios. Observemos el peligro latente de que la revuelta pueda conducir a una rebelión.

La inexistencia de mecanismos o procedimientos que tengan la efectividad para obtener la atención de un gobierno insensible, que estén al alcance de los “revoltosos” y con posibilidades de revertir las medidas económicas, hicieron de la revuelta una herramienta a mano para lograrlo parcialmente.  Seguramente, los acontecimientos que llamaron la atención de todo México serán un parte-aguas para futuros movimientos.

Algunos comentan que la revuelta debe permutarse en “desobediencia civil”; suena bien.  Desgraciadamente, los aumentos del precio de servicios públicos no pueden ignorarse; no son leyes, sino medidas económicas injustas, el ignorarlos conlleva a evitar consumirlos, cosa imposible. Son tan diferentes los intereses “en juego” de la dupla funcionarios públicos-empresarios y la sociedad civil que la desobediencia civil resulta, también, imposible.  Pronto escucharemos voces de los empresarios a favor de los jodidos, so pena de volver a ser saqueados.

Por el gasolinazo, en palabras de Colosio: “veremos el ensanchamiento del abismo que divide a pobres y ricos”.  Por la elección en el 2018, Peña Nieto se prepara a entregar un país quebrado.  En Veracruz, el partido más perjudicado es el PRI. Cierto o falso, la gente cree que este partido puede estar detrás de la revuelta; ahora se duda más que tenga oportunidad de reponerse de la última paliza electoral.

 

irineodm@yahoo.com

 

Otrosí digo.- Mientras no encontremos medios eficientes para cambiar leyes y decretos que nos afectan seguiremos subyugados.

*** Las ideas y opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Entorno Político.
Gracias por participar.
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